IDIOTAS INMORTALES

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Estimado Idiota: No te queda mucho tiempo, en cualquier momento te vas a matar. Y cuando eso suceda, independientemente de la imagen que quieras dar con el culito o amigos que llevas contigo, no te matarás de forma heroica, ni útil. Te matarás como un idiota a 160 Km/h, cometiendo una de tus usuales imprudencias, o en una curva que te sorprenda, en algún hueco de los que tanto abundan en nuestras carreteras, y eso sucederá en el preciso momento que pongas tu cara de sobrado, pensando que eres el rey de las pistas.

Realmente no es que valgas mucho, lo malo es que puedes llevarte por delante, a gente que no tiene ningún tipo de interés en acompañarte en tu viaje. Yo soy uno. O a alguna familia que se dirige de vacaciones tranquilamente, a algún peatón con el infortunio de ir cruzando en el momento menos adecuado. Sería de gran consideración tuya, que de una manera aislada, decidieras acelerar hasta lo más que puedas y te estampes directo contra un muro. Pero sé que no lo harás, porque eres de los que piensa que jamás te va a suceder.

Desde hace mucho tiempo, te he visto pasar montones de veces a mi lado, comiéndote el hombrillo, o te pegas oliéndome el parachoques mientras me haces cambio de luces para que te de paso, adelantando en una curva, confiando sobradamente en tu sangre fría. Mas de una vez, te he visto pasar a toda velocidad, para al cabo de unos minutos, ¡Paaaaffff..Coñazo Habemus! tu accidente, originó una tranca y me amargaste el viaje. Muchas veces esquivandote, no me ha dado tiempo de verte la cara de idiota, pero mentalmente te deseo una ulcera en el duodeno. Sigo mi ruta.

Te informo, que un simple bache, una lluvia repentina, una mancha de aceite, o cualquiera de esas cosas que los creyentes dicen: “que mala suerte”, puede hacer que lo pierdas todo. Todo lo que tienes y pretendías tener.

Mi condición como todos los humanos, es mortal. Quizás me toque a mí antes que a ti, pero yo lo tengo claro. A ti en cambio, ni se te pasa por la cabeza. Posiblemente te sucederá en algún adelantamiento, sabremos de ti en las noticias, serás alguna de esas cruces que se colocan en las orillas de las curvas, o terminarás debajo de una gandola; realmente no sé ni me importa como sucederá, solo te recomiendo que no uses medias con huecos, ya que por lo general en los accidentes de tráfico siempre se pierde un zapato. No veo, ignoro, por lo tanto no existe.

Pero como te he dicho, tu vida me importa un coño. Hay algunos que se dan golpes de pecho diciendo que la vida es sagrada, puede que sea cierto. Pero también es cierto, sin hablar con hipócritas moralidades, que algunas son menos sagradas que otras. Tu vida, a menos que creas en la reencarnación, es intransferible. Nadie lamenta la desaparición de personas, que no valoran su vida, ni la de los demás.

Buen viaje.

NAVIDAD LINDA NAVIDAD

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Pues sí, lo inevitable ha llegado. Lo que tanto temíamos ya está aquí. Diciembre y La Navidad. Esta época donde el nivel de estupidez de las personas aumenta de manera vertiginosa, ya nos arropa. Para que no se diga que soy un agente anti navideño, que no hay amor en mi corazón, que esta es la época de unión entre personas, es tiempo de alegría y felicidad, y demás frases sacadas del culo de un perro, propongo que nuestras características más folclóricas y cotidianas sean enmarcadas como se merecen. La idea es resaltar nuestros valores culturales y sociales ya vigentes, no es necesario inventar nada nuevo. Recordemos que no siempre lo reciente es lo mejor; y conviene destacar y sobre todo confirmar lo tradicional.

Para empezar, ya que en teoría el racionamiento de luz fue cancelado. Propongo que nuevamente sea colocada la linda iluminación en el Rio Guaire de años anteriores. Si, aquella que simulaba olas y eran colocadas en prácticamente toda su extensión. Claro está, que no se pierda el hacer de eso un hecho político, y las instituciones coloquen en sus respectivos sectores el color de su tolda. Los caraqueños necesitan espacios de reunión, con esta actividad, nuevamente podrán estacionarse sin el mayor problema en la cogestionada Francisco Fajardo, para pasar románticas veladas con olor a mierda.

Algo que me tiene profundamente molesto, es el hecho, de que el impertinente Niño Jesús aun tenga su espacio como producto de mercadeo. Arreciemos con mucha más fuerza, para que el gordito vestido con traje de invierno en el trópico, tome finalmente la totalidad del espacio que le corresponde. Basta ya de la imagen del bebecito en el nacimiento rodeado de animales desnutridos.

Propongo que en las principales arterias del país, sean colocados pasarelas y puntos urbanos desde donde el público seguirá de cerca, eso sí, lo más lento posible, la ejecución de las obras publicas. Se podrían organizar recorridos temáticos, para observar de cerca la maquinaria pesada estacionada; con el pintoresco espectáculo que resultan las mentadas de madre ciudadanas, que resaltan nuestro mejor sentido de urbanidad. Para los pequeños, ya de vacaciones anticipadas, se pueden organizar talleres infantiles, donde a cada niño será equipado con casco, pico y pala, para que ellos mismos hagan sus propios huecos. Ojo, todo esto bien organizado, con facilidades de acceso, rampa para minusválidos, palcos para turistas y comodidades para personas de la tercera edad.

Usando las mismas pasarelas, el digno público puede observar, las caminatas extremas de los transeúntes al borde de la deshidratación, como sortean aceras rotas, basura, autobuseros, motorizados y demás afines. Esta actividad, seria para todas las edades.

Otra idea genial, seria convocar en una misma zona, a los mendigos y daleros que nos encontramos en cada semáforo de la ciudad. Teniéndolos todos concentrados al menos por un par de días en un lugar apto, podremos disfrutar de increíbles actos: malabaristas con dos pelotas, el mocho saltando la cuerda, los piedreros que tienen menos carne que el manillar de una bicicleta queriendo limpiarte el vidrio del carro quieras o no, sin dejar atrás las actividades lúdicas, como las divertidas acampadas en cajas de cartón en plazas y parques, competencias de velocidad por niños hambrientos tras un plato de comida. Para la completa participación del público, se pueden organizar competencias de obstáculos, es decir, los indigentes que te tropiezas cada dos pasos diciendo: ¡tengo hambre, dame pa comé!, o los vendedores de estampitas, crucifijos, chocolates, a módicos precios que no empobrecen ni enriquecen a nadie.

Como este es el mes de compartir, y después no se diga que acaparo todas las ideas para actividades de tradición, propongo profundizar eventos como: todos somos unos hijos de puta, la empresa expropiada, el edificio invadido, los conductores malditos, las matracas policiales y llega a tu casa a salvo.

ESTA ES: ABEL Y CAÍN

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Abel, como pocos, trabajaba como un verdadero animal, todo el maldito día con el inculto y desobediente ganado de un lado para el otro; aun no cantaba el gallo y estaba despierto para trabajar los campos de su padre. Tenía las manos callosas, le dolían hasta las cejas. Sudado hasta el punto que el hedor se detectaba a metros. Luego de una ardua jornada, llegaba a casa tan cansado, que no tenía ni ganas de ver Globovision, mucho que menos de cumplir con su mujer, lo que el estándar indica al menos dos veces por semana. No tenía ganas de nada. En pocas palabras no le importaba si el humo de los sacrificios subía recto, de lado, o como le diera la regalada gana, sencillamente era un trabajador nato, que tenían en claro que para tener algo, aunque ese algo fuera poco, había que ganárselo.

Caín era su contraparte. Tenía la boca tan grande, que era capaz de pisársela, el carajo era más flojo que el peluquero de Tibisay Lucena, para el ni sacrificio, ni humo de Yahve o como se llame, nada de nada. Su día no era otro que estar acostado tocándose la entrepierna. La señal de cable que se robaba de Abel, la usaba todavía para ver Friends; mientras que su parcela, por cosas del destino más grande que la de su hermano, ni la miraba: estaba vuelta un verdadero desastre, sin sembrar, monte alto, rastrojos; es que además Caín se había vuelto delegado sindical, en este país si gritas a los cuatro vientos que eres revolucionario, el cargo puede ser vitalicio. Total que después de asambleas y luchar por los trabajadores desde su hamaca, no tenía idea de cómo usar ni un rastrillo, mucho menos un arado.

Adán ya hecho un viejo medio enclenque, se sentía el padre más orgulloso del mundo al ver a Abel. Pensaba que su pequeño negocio de tantos años y trabajo estaba en buenas manos. Pero de Caín, estaba hasta las bolas, le armaba tremendo peos a la pobre de Eva - ¡Mira a tu hijo como lo has malcriado, lo has consentido tanto, que faltó poco para que saliera maricon! – El pobre viejo, ya con ganas de jubilarse, quería dejar todo en orden. Con lo poco que le quedaba, o más bien, lo poco que le dejaron los invasores, se le sumaba las bajas ventas - ¡Tienes que pagar la comisión, Adán! – Le decía Eva. El negocio no daba para contratar ayudantes, los pocos que había, fueron despedidos, no sin antes el sindicato cobrar su buena tajada por eso. A todas estas el Caincito del coño, no pegaba pie con bola. Adán se le quedaba viendo aguantando las ganas de abofetear a Eva, cuando esta le decía: Tranquilo mi amor, yo coticé el seguro social.

Pues para no darle más vueltas al asunto, Adán se fué para donde un notario, asi en vida dejar todo en claro con que se iba a quedar cada quien. Como es lógico, en el testamento, le fué dejado a Abel, los mejores sectores de la tierra, además de los pocos animales que aun quedaban. A Caín en cambio, le tocarían las extensiones más áridas, esos pedazos de tierra con el mar cerca, que no servían para nada, eran tan malos, que ni llovía en esas zonas. Cuando Adán por fin se murió, lo hizo cagado de la risa.

Al pasar los años, el muchacho prodigio de Abel, seguía en el mismo sitio, sudando como un desgraciado, arriba de un tractor comprado a crédito, que ahora no sabía cómo pagar. Había tenido muy mala suerte con la sequía, y la escases de agua le habían jodido no menos de seis cosechas, después las torrenciales lluvias azotaron el pueblo, los malos drenajes le hicieron perder otras seis cosechas mas; para colmo de males, como el trámite de dólares se demoró, no pudo comprar los insecticidas y vacunas, la plaga y las enfermedades terminaron de destrozar lo poco que le quedaba en girasoles y ganado. Todo esto sin mencionar, que su esposa y el hijo que le salió igual a su hermano, le tenían las tarjetas de crédito hasta el tope.

Pero Caín, el inútil de Caín, ese coño de su madre, se asoció con un alcalde de la zona, tan ignorante como el, pero ambos listos en grande, se buscaron una constructora de confianza, y las tierras inútiles e inservibles, al no necesitar permisos de construcción, las dividió en parcelas que albergaban posadas arrechísimas, hizo hasta playas artificiales, en poco tiempo se transformó en un excelente agente inmobiliario, donde alquilaba y vendía apartamentos a todo el que lo quisiera. No había un buen servicio de agua, mucho menos cañerías, la infraestructura era totalmente inadecuada, todo el mundo agarra la luz del mismo enchufe y agarran el agua del mismo tubo, la vaina en un pequeño espacio, parecía Caracas. Manadas de gente, asistían para pasar vacaciones, después de pasar horas de cola en la carretera, se veían caminar por allí con cerveza en mano por todos lados, otros con su típico espectáculo de equipos de sonido en los carros y el reggaetón que se podía escuchar a kilómetros. Todo era un paraíso, de esos que a todos nos gustan.

Pero como Caín no es tan hijo de puta como creíamos, invitaba a su hermano de vez en cuando, a pasar un fin de semana en el club de ricachones, el cual era fundador, le enseñaba las fotos en facebook, de sus viajes a Europa, Miami, fotos abrazado con el presidente, haciendo alardes de todas las poses que solo esta red social es capaz de aguantar, mientras el buen y trabajador Abel, miraba a todos lados preguntando - ¿Podré conseguir por aquí unos guantes de trabajo?

ESTAN EN LA CASA DEL SEÑOR…¿Y?

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Hace unos días, después de muchos años, entre nuevamente a una iglesia formando parte de los invitados para un bautizo. Una vez adentro, acompañado de cinco personas y comprobar que gracias a dios, no me prendí en fuego ni convulsioné al pasar por la puerta, saludamos a otro número similar de personas que ya se encontraban allí por la misma razón. La escena fue la típica de los encuentros, estrecharse la mano, uno que otro beso, sin mucho ruido ni alboroto; razón suficiente para que desde un pulpito, una voz chillona y poco audible nos dijera de manera enfática: “¡Están en la casa del Señor!” a su vez indicando que los saludos representaban una falta de respeto para el sagrado recinto, y nos invitaba a salir del lugar, para no continuar la semejante profanación e impiedad que produce el abominable acto de un saludo entre personas.


En este país formado de manera natural por hipócritas, bastaron tres minutos para que un representante de la institución católica, literalmente me sacara de la iglesia, por no tener cara de sufrimiento y entrar al sagrado recinto azotándome a latigazos. Estas personas que bajo premisas absurdas, se creen con la suficiente autoridad para sugerir a quien premiar y a quien castigar, son los mismos, si les conviene, optarían por un Dios más llevadero, algo sobornable con indulgencias, con penitencias, con arrepentimientos de última hora, alguien a quien le podamos poner en los hombros todo lo que implique alguna responsabilidad. Afortunadamente para los católicos, se pueden contar los escasos casos, pero ciertos, de monjas y sacerdotes, que forman parte de muy dignas obras sociales, paradójicamente muy alejados de iglesias, palacios arzobispales y demás parafernalia.

Ya el acto iniciado, sentado por supuesto solo a fin de evitar problemas, no recordaba lo repetitivos y segregacionistas que pueden ser los sermones. Alternando las amenazas que si haces esto y aquello, serás castigado, que de esto y lo otro, también serás castigado, con exposiciones tediosas que no tienen el mínimo interés y provecho. No sería malo que tomaran la decisión de enseñar algo. Ese algo puede ser la historia que para bien o para mal, El Cristianismo y la Iglesia Católica ha participado. Algo que explique que somos lo que somos, porque fuimos lo que fuimos. Si no quieren ahondar en los estragos laicos que ocasionaron, la manipulación de conciencias, la resistencia a la modernidad; pueden optar e ilustrarnos sobre el Renacimiento, la base intelectual de la civilización construida en Roma, los Evangelios, de cómo muy posiblemente por censura, fueron inspiración para grandes obras de arte, hagan referencias que independientemente de las creencias, las catedrales europeas son realmente museos; en fin, sin mucho esfuerzo pueden instruir un poco, y que esa media hora de misa sirva para algo más que babearnos en esos incómodos bancos “Castigo de Dios”, sálganse un poco del libreto del padre nuestro y ave maría. El pecado y la salvación son cosas de cada quien, cada cual con sus dioses. Pero cultura nos hace falta, y mucha.

La Tempestad, De William Shakespeare (El infierno está vacío, y todos los demonios se hallan aquí).